¿Aplicaremos los mismos Criterios para seleccionar tanto machos como hembras?

El Criterio aplicado con los machos reproductores es mucho más exigente que el que se aplica con las hembras. Los motivos son obvios. Y justamente aquí es donde se cometen errores que posteriormente insumirá tiempo corregir. Sabemos que las crías heredan el 50% de la información genética del padre y el 50% de la madre. Si bien un macho transmitirá a su descendencia su 50% a través de varias hembras, debemos tener en cuenta que cada hembra puede restar calidad y más aún si es prepotente (homocigoto) en ciertas características indeseables. Este es el argumento de más peso cuando se aconseja aparear lo mejor con lo mejor y no tratar de corregir animales deficientes con animales superiores.
Para que el mejoramiento sea uniforme y exitoso se debería aplicar el mismo criterio tanto con los machos como con las hembras se pueden aplicar diferentes criterios según las necesidades de cada criador.
Otro método recomendado a criadores con poca experiencia y práctica en apareamientos es la prueba de progenie, esto es, evaluar los reproductores que están en producción a través de sus descendientes cuando estos han alcanzado la primera maduración, alrededor de los 8 meses de edad, o en la segunda, entre los 11 y los 12 meses de edad.
Cuando se va a juzgar al padre, pondremos bajo las luces del juzgador a todos sus hijos e hijas y analizaremos los rasgos en común, tanto los valiosos como los defectuosos. A partir de ese análisis sabremos el grado de correspondencia entre el genotipo y el fenotipo del macho que dio origen a su descendencia y si merece continuar o se lo debe retirar de producción. Si los descendientes son en su mayoría iguales o muy parecidos al padre éste permanecerá como reproductor. Si un alto porcentaje de los descendientes no han heredado los rasgos valiosos del padre, éste será retirado del plan de cruzas.
Se aplica la misma prueba de progenie con cada una de las hembras integrantes de la familia analizada. Si un alto porcentaje de la descendencia de una hembra tiene un rasgo indeseable en común, eliminamos a la hembra que transmite dicho rasgo y seremos muy cuidadosos cuando se coloquen en producción a sus hijas. Los machos descendientes de la hembra los elimino.
En un criadero en crecimiento no podemos ser tan severos con las hembras, excepto en los siguientes casos: falta de densidad, tamaño pequeño y mala conformación
Personalmente uso un criterio de selección que no sigue los lineamientos convencionales:
En presencia de un macho muy denso, lo apareo con dos o tres hembras densas. Selecciono solamente las hijas de esas cruzas; a los hijos los elimino. O sea, que también podemos usar ciertos criterios de selección según estemos buscando solamente reproductores hembras para luego cruzarlas con otras características sobresalientes que sumen y no que resten.
Errores comunes que se deben evitar:
Las siguientes “no son verdades absolutas”, son solo recomendaciones producto de mi experiencia personal:
NO enfocar la atención en una sola característica. Es muy frecuente dejarse “atrapar”.
NO creer que los apareamientos consanguíneos son “malos” sin conocer la razón.
NO se deben aplicar planes de consanguinidad en animales con rasgos tales como: falta de tamaño y conformación.
NO aplicar planes de consanguinidad sin antes haber comprobado por medio de la prueba de progenie que en los ejemplares haya correspondencia entre lo que se ve y lo que transmiten.
NO evaluar animales que no han completado su maduración.
NO colocar hembras menores de 8 meses de edad en producción: dos razones importantes lo impiden: 1) Las hembras desarrollan su tamaño hasta la primera incubación. Podemos eliminar por pequeña una hembrita que aún tiene que completar su desarrollo. 2) El sistema reproductor de las hembras está maduro y en condiciones seguras de procrear sin mayores complicaciones a partir de los 8 meses de edad.
NO usar como reproductores machos menores de 10 meses de edad porque en general son inseguros y no han desarrollado la agresividad necesaria para dominar hembras “difíciles”; o por el contrario, algunos son muy ansiosos y pueden herir a la hembra o matarla, si ésta los rechaza.

Windy Kempfer

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